No eroticemos más a los niños. ¡Basta ya!

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Escribe: Fátima Saldonid.– Desde hace tiempo que los medios de comunicación cada vez más incitan que nuestros pequeños se comporten como adultos. ¿Podemos hacer algo frente a un medio de comunicación? Pues no. Podríamos apagar la televisión o no permitir que nuestros niños vean tal o cual programa. Pero todos conocemos la realidad. Y sabemos que a pesar de nuestros denodados esfuerzos los niños terminan consumiendo -poco o mucho- lo que ofrecen los medios.
Pero no me dirijo a ellos. Me dirijo a los padres. Hay que unirnos y entender que debemos de parar con lo que estamos haciendo. Empecemos por el principio.
¿Que significa erotizar a un niño? Significa exponerlo a contenido sexual desde muy temprana edad, incentivando un despertar erótico el cual no puede manejar confundiéndolo y haciéndolo quemar etapas. ¿Hacemos acaso esto los padres? Si, lo hacemos y lo que es peor aún, en muchos casos no nos damos cuenta.
El portal educativo Pediatría al día señala lo siguiente: “Es verdad que en la niñez también existe la sexualidad, pero se manifiesta de una manera muy distinta a la que muestran los medios. Se expresa en un saber a qué género se pertenece, si se es hombre o mujer, en una curiosidad por indagar qué significa eso, de conocer el cuerpo del otro, de tocarlo, de jugar a roles. Pero no hay erotización en ello, porque no hay elección de objeto sexual, ni enamoramiento, ni nada de ese tipo”.
Pero cual son esos casos concretos, paso a enumerar algunos ejemplos.
1. Erotizamos a un niño cuando siendo pequeño (2 a 7 años) le preguntamos que chica o chico le gusta del salón y lo motivamos a través de la felicitación. Es natural que se sientan atraídos por el sexo opuesto, pero los pequeños no sienten una atracción adulta. No debemos de fomentar y exigir respuestas.
2. Erotizamos a un niño cuando de casualidad besa en la boca a una amiga o amigo y lo festejamos o empezamos a bromear con que son novios. ¡Novios a los 5 años! Que carencia tenemos nosotros como adultos. Ya tendrán toda la vida por delante para ello.
3. Erotizamos a un niño cuando lo besamos en la boca. Son innumerables lo estudios que afirman el efecto nocivo de dar “piquitos” a los niños. La psicóloga Marisa Russomando, especializada en maternidad y crianza, directora de El Espacio de la Cigüeña señala que besos despiertan en el niño estímulos en zonas sensibles. (…) los pequeños que todavía transitan la etapa oral tienen sus sentidos centrados en la boca y, por eso, quieren que los besen.(…) “Para los niños suele ser menos confuso si papá y mamá comparten una manera de manifestarse el amor, y con sus hijos lo expresan de forma diferente”(…)lo ideal sería aclararles desde pequeños que ese tipo de besos está destinada a las relaciones de pareja entre adultos”, sugiere.
4. Erotizamos a un niño cuando lo vestimos como adulto y lo condicionamos “porque se ven lindos” a que se comporten de acuerdo a la vestimenta. El camino de la adultez es muy largo. Hay que vestirlos como niños y que se comporten como tales. Además que los arriesgamos a que sean vistos como objetos sexuales. Suena fuerte. Lo sé. Pero es real.
5. Erotizamos a un niño cuando le permitimos que vean películas con escenas de besos, de sexo, revistas, etc., con la excusa que es la realidad y que es mejor que lo vean con uno antes que con los amigos. Es cierto, pero un niño de 5 años no necesita ver estas imágenes. Para una adultez saludable basta con ver a mamá y papá felices juntos.
6. Erotizamos a un niño cuando lo incitamos -un concepto muy machista por cierto- a ver a chicas en “bikini” y lo motivamos a que lo disfrute.
7. Erotizamos a un niño cuando nos desvestimos en frente de él. ¿Hay necesidad? El cuerpo del niño es diferente al de los adultos. Habrá mucho tiempo para hablar del tema. ¿Nos cuesta tanto respetar al niño? ¿Por qué nos tienen que ver desnudos? ¿Lo necesitan? ¿Se lo imponemos? La desnudez es algo natural, y por lo tanto no se impone. Debe de fluir y esta fluidez vendrá más adelante.
Podríamos abundar en decenas de ejemplos, pero considero que el tema está claro. Dejemos a nuestros niños vivir su infancia, disfrutemos de su inocencia. Nuestra responsabilidad como padres es enorme, hay que dar ternura y amor a los niños. Su adultez vendrá sola y extrañaremos al pequeñito que se fue.

 Fuente: laabeja.pe,  05 de noviembre de 2015

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